lunes, 6 de julio de 2015




Desarrollo de los mecanismos auditivo y vestibular. Indicadores tempranos de riesgo de deterioro auditivo

Dentro de las concepciones actuales del neurodesarrollo, Jairo Alberto Zuluaga1 nos muestra la perspectiva de una embriología funcional desde finales del siglo XIX, opuesta a la embriología clásica u observacional, rama de la morfología, desarrollada con las ciencias naturales de los siglos XVI al XIX y centrada en la descripción de los eventos morfogénicos observados en embriones humanos y de otras especies. Nuestro sistema nervioso cambia desde las células precursoras del cerebro, aún indiferenciadas, hasta aquellas que en la etapa adulta han asumido roles funcionales específicos. Según lo planteado en su libro, Neurodesarrollo y Estimulación, éstos son cambios estructurales que se evidencian anatómicamente, cambios celulares que se reconocen microscópicamente y cambios moleculares que requieren pruebas especiales para ser detectados.

Filogénesis de la audición y el equilibrio 
En la historia de los seres vivos, tanto vegetales como animales, se conocen cuatro eras (alrededor de 2.000 millones de años): la Proterozoica, la Paleozoica, la Mesozoica y la Cenozoica.

Embriología y neurodesarollo
El conocimiento del origen de las estructuras auditivas permitirá a los profesionales de la salud buscar un determinado tipo de deterioro auditivo. Cuando un niño, por ejemplo, muestra una afección congénita de piel, debemos recordar que la piel y el otocisto proceden ambos del ectodermo, y esto nos hará esperar una posible anomalía de estructuras cocleares y, por lo tanto, una posible hipoacusia sensorioneural grave. Recordemos entonces lo que originan las tres capas germinales: el, partiendo de las hendiduras branquiales, permitirá el desarrollo del conducto auditivo externo y el oído interno

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