Desarrollo de los mecanismos auditivo y vestibular.
Indicadores tempranos de riesgo de deterioro auditivo
Dentro de las concepciones actuales del neurodesarrollo, Jairo Alberto
Zuluaga1 nos muestra la perspectiva de una embriología funcional desde
finales del siglo XIX, opuesta a la embriología clásica u observacional, rama
de la morfología, desarrollada con las ciencias naturales de los siglos XVI al
XIX y centrada en la descripción de los eventos morfogénicos observados en
embriones humanos y de otras especies. Nuestro sistema nervioso cambia
desde las células precursoras del cerebro, aún indiferenciadas, hasta aquellas
que en la etapa adulta han asumido roles funcionales específicos. Según
lo planteado en su libro, Neurodesarrollo y Estimulación, éstos son cambios
estructurales que se evidencian anatómicamente, cambios celulares que se
reconocen microscópicamente y cambios moleculares que requieren pruebas
especiales para ser detectados.
Filogénesis de la audición y el equilibrio
En la historia de los seres vivos, tanto vegetales como animales, se
conocen cuatro eras (alrededor de 2.000 millones de años): la Proterozoica,
la Paleozoica, la Mesozoica y la Cenozoica.
Embriología y neurodesarollo
El conocimiento del origen de las estructuras auditivas permitirá
a los profesionales de la salud buscar un determinado tipo de deterioro
auditivo. Cuando un niño, por ejemplo, muestra una afección congénita de
piel, debemos recordar que la piel y el otocisto proceden ambos del ectodermo,
y esto nos hará esperar una posible anomalía de estructuras cocleares
y, por lo tanto, una posible hipoacusia sensorioneural grave. Recordemos
entonces lo que originan las tres capas germinales: el, partiendo
de las hendiduras branquiales, permitirá el desarrollo del conducto auditivo
externo y el oído interno
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